viernes, 7 de diciembre de 2007

Por qué las ideologías son las que son y coexisten

En nuestro mundo los humanos tenemos diversas ideologías y sistemas de convivencia, que se pueden concentrar en: liberalismo, socialismo, nacionalismo, dictadura, democracia, religión y ateísmo.
Mi hipótesis es que son resultado de la evolución de la especie, las hemos ido creando para adaptarnos mejor al medio, tirando de unas o de otras, o un poquito de cada cual, según conviniera.

El liberalismo trata de intervenir lo mínimo posible en el mercado y las relaciones humanas, con la pretensión de incentivar la iniciativa de cada cual, y la convicción de que eso conllevará que cada persona obtenga exactamente los frutos que siembre. A mayores méritos, mayores recompensas. En teoría es perfecto. Justo, porque no zancadillea la tendencia natural de que sobrevivan los mejor adaptados, ni tampoco trata el sistema mismo de arrogarse esa competencia de selección que corresponde a la "naturaleza" (algo por otro lado imposible), desviándola de su verdadero sentido y poniendo en peligro a la especie con ello.

Pero tiene problemas prácticos. El primero es que en extremo, con un estado que no intervenga nada (o sea, sin estado), equivale a la situación transitoria de la anarquía, que desembocaría en otra de pre-civilización, es decir, volver a empezar. Este problema ya lo prevén las propias ideologías liberales, que hablan de un estado con unas competencias básicas que articulen la convivencia y el esfuerzo conjunto. Sus leyes provendrán de una moral, y ahí entran en juego religiones y ateísmo.

La ciencia nos puede guiar en la tarea de encontrar qué directivas morales podrían ser las más adecuadas de cara a la supervivencia de la especie. Pero aunque no deja de avanzar y cada vez nos dice más, no es completa ni perfecta. Los ateísmos pretenden resolverlo todo con la razón y la ciencia de la época, pero lo cierto es que no dan para tanto, y la solución que, consciente o inconscientemente, le ha dado el ser humano, ha sido echar mano de las religiones para tapar huecos (o "el gran hueco"). Por otro lado, los religiosos fundamentalistas pretenden que todo se base en su religión, convirtiéndola en una lacra. De modo que ateísmo y religión son dos extremos que se deben conjuntar adecuadamente en cada contexto histórico.

Otro problema del liberalismo es que con esa mínima intervención estatal también podrían darse repartos injustos de riqueza. Bajo ciertas coyunturas, unos pueden obtener menos de lo que les correspondería por sus méritos, o al revés.
Por ejemplo, una asociación arbitraria de una gran número de personas podría "arrinconar" a otra más pequeña. Entra entre los méritos de cada cual el saber asociarse, pero aún así una vez formadas las sociedades, podría acomodarse la más numerosa si es suficientemente superior, y constituir barreras contra los cambios.
Otro ejemplo: las herencias muy elevadas entre padres e hijos (diferentes genes y diferente entorno, entre ellos). El concepto de herencia es "justo" en esencia. Los padres vuelcan el resultado de sus méritos sobre sus hijos, que de algún modo son la prolongación de sí mismos. Pero no lo son exactamente, de manera que una herencia podría llegar a ser excesiva. Lo difícil es saber en qué medida, claro. Un ejemplo de exceso claro y concreto, aunque no pertenezca estrictamente hablando a un sistema liberal, es la herencia de la corona. Llegando a darse casos, tras varias generaciones, en que verdaderos ineptos heredaban las riquezas y el gobierno de naciones. Como en España y Francia con algunos borbones.

El hecho es que puede haber situaciones de reparto injusto de riquezas bajo un sistema liberal mal calibrado. Ahí entra en juego el socialismo, la necesidad de su existencia. Su papel sería el de quitarle a los ricos para darle a los pobres, simplificando. Esto generará situaciones injustas, pero arreglará otras inversas quizás más graves.
Por supuesto, llevado al extremo comunista, o aplicado sistemáticamente, el socialismo no es más que un latrocinio en toda regla, capaz de cargarse la especie por antinatural, y ese es el factor más importante de sus fracasos.
Lo ideal sería un sistema liberal perfectamente calibrado. Mientras no se consiga, ahí estará el extremo socialista desde el que tirar un poco. Para resetear, de alguna manera.

Como en cualquier otra especie, habrá individuos mejor dotados que los demás para la supervivencia, o que sencillamente aporten una diversidad necesaria a la hora de afrontar con garantías dificultades futuras. Ciertas ideologías y sistemas, en especial religiones, socialistas y curiosamente las nacionalistas, pueden resultar trabas de cara a que algunos, o todos los grupos, consigan transmitir suficientemente las cualidades de sus individuos mejor adaptados. Ahí entra en juego el papel positivo de los nacionalismos, con los que esos grupos podrían tomar consciencia y orgullo de sí mismos, sea de cara a liberarse o independizarse de unos hipotéticos opresores (en ese caso entrarían también en juego otras fuerzas, como el liberalismo o la democracia, siendo ese nacionalismo positivo sólo un catalizador), o sea de cara a, simplemente, difundir aquellas cualidades que ellos tienen.
Ni qué decir tiene que, de nuevo, esta ideología es un arma de doble filo, y en extremo o aplicada sistemáticamente, o cuando sea movida por motivos injustos o erróneos, es mucho más nociva que benigna. Se llega a racismo o xenofobia, elementos intrínsecamente dañinos para la especie, pues tienden a eliminar artificiosamente su diversidad, debilitándola frente a posibles contingencias. Ahí tenemos el nacionalsocialismo alemán, que provocó un exterminio masivo, o el nacionalismo vasco (de raíz también racista, y que lucha contra un invasor imaginario), grave desestabilizador de las dos últimas democracias liberales españolas, y por lo tanto de su prosperidad asociada.

Los sistemas democráticos permiten que todo el mundo aporte su opinión de cara a elegir quién gobierna, periódicamente. Eso impide las previsibles pifias de un sistema hereditario. Se puede objetar que unos ciudadanos deben tener más poder de elección que otros, pero como nadie ha demostrado quiénes y cuánto, no podemos seguir por esa vía. Además, el sistema de partidos posibilita que se vigilen entre ellos, de manera que el que está en el gobierno debe esforzarse por hacerlo lo mejor posible.

Aún así, hay democracias basadas en estados de derecho débiles, donde no se garantiza la libertad y la seguridad, o no hay separación de poderes y el gobierno es corrupto o con aspiraciones totalitarias. También puede haber situaciones de hambruna, guerras o desastres naturales que desestabilicen y descompongan a la sociedad.
En estos casos el sistema democrático no suele ser capaz de regenerarse por sí mismo, y lo que el ser humano utiliza entonces es una dictadura autoritaria o una monarquía absolutista. Una rotura controlada de la libertad (si es que quedaba algo de ella) que facilite restablecer la seguridad y el orden en esas condiciones difíciles. Para que tenga alguna utilidad ha de ser llevada a cabo por personas conscientes de que ese sistema no es el deseable y sólo debe ser temporal, lo más corto que sea posible. Esto descarta automáticamente a las dictaduras totalitarias, cuyas aspiraciones son de permanecer y perpetuar el liberticidio.

¿Cómo se ponderan todas estas ideologías y sistemas de forma óptima? Es difícil de precisar, y en realidad no es seguro que tal cóctel nos permita sobrevivir largo tiempo, e incluso podría ocurrir que nos extinguiéramos precisamente por su culpa, aunque el sentido común nos dice que son rasgos que hemos obtenido durante la carrera evolutiva para hacernos más fuertes.
Todo esto no significa que los políticos que se publicitan de centro sean necesariamente los mejores. Es posible que no sea cierto que se posicionan en el centro, o que no sea ese realmente el punto óptimo. O, algo también muy habitual, que sea una mera estrategia de marketing de unos politicastros que luego lo aplicarán todo mal.

Yo abogo por una democracia liberal basada en un estado de derecho, mínimo pero fuerte, dispuesto a defender con contundencia unos principios firmes, provenientes de una moral sensata que se base en la ciencia hasta donde ésta llegue, y en la intuición implícita en la religión mayoritaria.
Cuanto menos haya que echar mano de otros elementos, mejor.

4 comentarios:

Fin de los Tiempos dijo...

Ese liberalismo, articulado por un conservadurismo cristiano, es una forma de gobierno interesante

Uno de Los Millares dijo...

Bienvenido Fin de los Tiempos. Parece que estamos de acuerdo.
Un apunte: no soy partidario de utilizar en el lenguaje la dicotomía conservador-progresista.

Según la RAE progresar es avanzar y mejorar. Se deduce entonces que eso es lo que hacen los progresistas, mientras que los conservadores se opondrían. Es posible que a la izquierda le gusten los cambios, pero normalmente para empeorar y/o retroceder.

Derecha-Izquierda es más aséptico, sin manipulación semántica.

Fin de los Tiempos dijo...

Cierto, lo que ocurre es que el PSOE le ha dado un nuevo sentido. Conservador es buscar las raíces cristianas y progresista tratar de quemar iglesias de nuevo, que es el camino que está tomando esto

Uno de Los Millares dijo...

Desde luego ése es el sueño húmedo de los socialistas, más o menos inconfeso.