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sábado, 21 de noviembre de 2009

Anarquismo


Mientras los socialistas sean socialistas, y los peperos continúen usando el liberalismo como excusa para que los empresarios delincan sin estorbos, yo seré anarquista. Sí, es una utopía, quizás la más salvaje, pero también un contrapeso necesario para corroer esta sociedad infecta.


viernes, 5 de septiembre de 2008

El caballero oscuro


La segunda adaptación para el cine de las historias de Batman que ha realizado Christopher Nolan, es la mejor obra que conozco sobre la lucha entre el bien y el mal. También es la mejor película estrenada en tres años. Es decir, es una obra maestra.

Perfecto retrato del mal, con la pureza de un magistralmente interpretado Joker. También la impureza del mafioso Maroni, e incluso el papel vital de los esbirros, enfermos mentales y sanos.

También absolutamente perfecto el del bien. Batman y Fox, el brazo, con el conspicuo carisma de Christian Bale y la serenidad venerable de Freeman. El mayordomo, la ideología, con un Michael Caine siempre solvente (aunque aquí algo despistado en cuanto al tono político que suele buscar en sus trabajos). El fiscal, primero la pureza del bien, pero luego susceptible de pervertirse por el azar y la debilidad humana.

Como digo, jamás vi tan bien reflejada la eterna lucha. Por ejemplo, la sensación de que si bien nunca una fuerza logrará acabar por completo con la otra, debe hacer su trabajo para tampoco ser ella la vencida.

Las metáforas respecto al terrorismo actual, y la difícil y desagradecida lucha de los liberales contra él, han escocido a muchos progres, algunos tremendamente indignados. Ni que decir tiene que precisamente eso, dañar a la borreguez dominante del momento, es uno de los valores artísticos más elevados.

Cierto público ávido de ver una mera película de acción, sin el enorme calado político/filosófico de ésta, también ha quedado ligeramente decepcionado. Pero a la mayoría le ha encantado, por unos u otros motivos.

La anterior versión del frik Burton palidece gravemente frente a esta. Pobres esnobs (recordemos además que en lo que respecta al cine la mayoría son de izquierdas), tan ilusionaditos andaban con Nolan después de Memento, y ahora van a tener que buscarse a otro. Siempre les quedará Loach, ¡lástima que sea tan poco sofisticado!


sábado, 16 de febrero de 2008

La crueldad "mola"


Hace un par de meses se dio a conocer un suceso ocurrido en USA, en el que una adolescente con problemas de autoestima se suicidó a consecuencia de un engaño por Internet. Una vecina cuya hija fue compañera de la fallecida, y su sobrino, se hicieron pasar por un joven imaginario en cierto chat, donde la sedujeron. La muchacha no se dio cuenta del engaño y con el tiempo llegó a enamorarse. Según parece, a raíz de ello comenzó a mostrarse más feliz en su vida cotidiana. Transcurrido un tiempo, los impostores dejaron de halagar y ser simpáticos con la adolescente, para pasar bruscamente a insultarla y rechazarla. Seguramente en aquellos momentos la vecina y su sobrino disfrutarían de lo lindo, pues el chasco amoroso debía de ser el objetivo de la “broma”.
Entonces la muchacha se ahorcó en su habitación.

Este tipo de engaños repugnantes son frecuentísimos en la red (aunque no sólo en ella). Multitud de individuos, especialmente jóvenes pero de todas las edades y de ambos sexos, se lo pasan en grande cometiendo estas hazañas, especialmente en grupo para intercambiar risas. Lo normal es que no acaben en una tragedia de estas características, sino que se queden en mero sufrimiento para la víctima, en mayor o menor medida.
Se trata, simplemente, de disfrutar con la ridiculización de otras personas, cazando generalmente a los de psique más débil.

Es indignante que, además de cometerse este crimen (aunque sea por imprudencia, pero con evidente malicia), la policía haya declarado que la ley no puede castigar a los responsables, por no estar contemplado en la misma.

Aunque hay quien se toma este tipo de noticias como algo grave, otros ven en ellas carnaza para el cachondeo.

Es un caso semejante a los aún más frecuentes de acoso escolar y laboral, que ocurren a diario en todos los centros educativos y laborales de nuestra civilización, bastante infecta en este aspecto. Uno sonado fue el de Jokin en Vascongadas (enlaces 1, 2), pero miles y miles menos graves nunca salen a la luz.
La sociedad finge que se escandaliza, pero no hace absolutamente nada para evitarlos. Al contrario, la telebasura saca buen provecho de ellos, y las medidas gubernamentales propuestas no hacen sino agravar el problema. Se sustituye el castigo (bueno, tampoco había) por la mediación, y otras canalladas vestidas de “pacifismo”. Diálogo entre víctimas y verdugos, ¿a qué recuerda? La moda socialdemócrata favorita. Cualquiera con la cabeza llena de sentido común en lugar de prejuicios progres, sabe que esos procesos sólo prolongan el padecimiento de las víctimas, y nunca provocan que los verdugos dejen de acosar.

El acoso, hasta cierto punto, es algo inherente a los seres vivos, concretamente a los humanos, pero en lugar de fomentarlo se puede reducir.
Para empezar, castigándolo. Los socialistas, de todo pelaje, se oponen, y es por su gran peso en toda la civilización occidental, que esta medida básica no se lleva a cabo, o se lleva a cabo de forma deficiente.
Y sobre todo, promoviendo una educación y una moral en la que reírse, ridiculizar o acosar a los más débiles (de todo tipo), sea negativo, no “mole”. Por ejemplo la cristiana, o en parte cristiana. Era la que teníamos, hasta que los mesianismos de la izquierda decidieron que había que machacarla, acabar con la Iglesia. Esa es una de las prioridades de su infausta y ubicua propaganda.
Pretenden sustituir la moral tradicional por una exclusivamente “científica”. ¿Pero cómo va a ser eso sensato, si la ciencia no ha alcanzado, al menos aún, multitud de cuestiones fundamentales sobre el mundo y el ser humano?

El resultado general es que hoy en día, cada vez más, uno puede sentir complacido su instinto de hacer el bien simplemente siendo de izquierdas. Contribuyendo a que el gobierno recaude por la fuerza, para supuestamente (sólo supuestamente) ayudar a los pobres, uno ya tiene saldada su cuota de solidaridad, ya es buena persona. Haciendo eso, ya puede ser un auténtico mezquino con los que le rodeen en su día a día, que no importa. Al contrario, es aún mejor, pues esas “chorradas” de la caridad y la bondad cotidiana pertenecen al apestado cristianismo.
Aunque sea en un aspecto concreto distinto al aquí tratado del acoso, un ejemplo cristalino de esto lo representa Al Gore. El profeta del ecologismo es en realidad una de las personas que más contaminan en el mundo (enlaces 1, 2, 3, 4), y de a las que menos les importa el buen estado de la naturaleza (no firmó el protocolo de Kyoto cuando tuvo ocasión). Sus monsergas le sirven para forrarse, nada más.

Cultivo de la apariencia y maldad en el contenido. Esos son los dos pilares básicos de la hiprogresía. Por eso le dan tanta mecha al relativismo moral, se esfuerzan tanto en imponerlo en la sociedad. ¿Quién sino el malvado iba a intentar que se confundieran el bien y el mal? ¿Y quién sino el que sólo dispone de apariencia, iba a criticar que se la distinga del contenido?


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Quizás sea sólo una percepción subjetiva, pero la mayoría de noticias (y las más graves) que veo en televisión sobre violencia/acoso escolar entre alumnos, proviene de Vascongadas, la región con más nacionalismo de España. Me parece lógico, pues se educa a los niños en la ideología de rechazar y atacar a los distintos, según unos parámetros u otros.
Es la Euskagarría que construyen los nacionalistas.

Por otro lado, la mayoría de noticias (y las más graves) que veo sobre violencia doméstica, entre miembros de una familia, proviene de Andalucía, la región con más socialismo. También es lógico, puesto que se educa en la ideología de erradicar la diversidad, lo que los muy cínicos llaman "buscar la igualdad". A nivel familiar esos son los efectos que tiene.
Es la Ándalusia que construyen los socialistas.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Por qué las ideologías son las que son y coexisten

En nuestro mundo los humanos tenemos diversas ideologías y sistemas de convivencia, que se pueden concentrar en: liberalismo, socialismo, nacionalismo, dictadura, democracia, religión y ateísmo.
Mi hipótesis es que son resultado de la evolución de la especie, las hemos ido creando para adaptarnos mejor al medio, tirando de unas o de otras, o un poquito de cada cual, según conviniera.

El liberalismo trata de intervenir lo mínimo posible en el mercado y las relaciones humanas, con la pretensión de incentivar la iniciativa de cada cual, y la convicción de que eso conllevará que cada persona obtenga exactamente los frutos que siembre. A mayores méritos, mayores recompensas. En teoría es perfecto. Justo, porque no zancadillea la tendencia natural de que sobrevivan los mejor adaptados, ni tampoco trata el sistema mismo de arrogarse esa competencia de selección que corresponde a la "naturaleza" (algo por otro lado imposible), desviándola de su verdadero sentido y poniendo en peligro a la especie con ello.

Pero tiene problemas prácticos. El primero es que en extremo, con un estado que no intervenga nada (o sea, sin estado), equivale a la situación transitoria de la anarquía, que desembocaría en otra de pre-civilización, es decir, volver a empezar. Este problema ya lo prevén las propias ideologías liberales, que hablan de un estado con unas competencias básicas que articulen la convivencia y el esfuerzo conjunto. Sus leyes provendrán de una moral, y ahí entran en juego religiones y ateísmo.

La ciencia nos puede guiar en la tarea de encontrar qué directivas morales podrían ser las más adecuadas de cara a la supervivencia de la especie. Pero aunque no deja de avanzar y cada vez nos dice más, no es completa ni perfecta. Los ateísmos pretenden resolverlo todo con la razón y la ciencia de la época, pero lo cierto es que no dan para tanto, y la solución que, consciente o inconscientemente, le ha dado el ser humano, ha sido echar mano de las religiones para tapar huecos (o "el gran hueco"). Por otro lado, los religiosos fundamentalistas pretenden que todo se base en su religión, convirtiéndola en una lacra. De modo que ateísmo y religión son dos extremos que se deben conjuntar adecuadamente en cada contexto histórico.

Otro problema del liberalismo es que con esa mínima intervención estatal también podrían darse repartos injustos de riqueza. Bajo ciertas coyunturas, unos pueden obtener menos de lo que les correspondería por sus méritos, o al revés.
Por ejemplo, una asociación arbitraria de una gran número de personas podría "arrinconar" a otra más pequeña. Entra entre los méritos de cada cual el saber asociarse, pero aún así una vez formadas las sociedades, podría acomodarse la más numerosa si es suficientemente superior, y constituir barreras contra los cambios.
Otro ejemplo: las herencias muy elevadas entre padres e hijos (diferentes genes y diferente entorno, entre ellos). El concepto de herencia es "justo" en esencia. Los padres vuelcan el resultado de sus méritos sobre sus hijos, que de algún modo son la prolongación de sí mismos. Pero no lo son exactamente, de manera que una herencia podría llegar a ser excesiva. Lo difícil es saber en qué medida, claro. Un ejemplo de exceso claro y concreto, aunque no pertenezca estrictamente hablando a un sistema liberal, es la herencia de la corona. Llegando a darse casos, tras varias generaciones, en que verdaderos ineptos heredaban las riquezas y el gobierno de naciones. Como en España y Francia con algunos borbones.

El hecho es que puede haber situaciones de reparto injusto de riquezas bajo un sistema liberal mal calibrado. Ahí entra en juego el socialismo, la necesidad de su existencia. Su papel sería el de quitarle a los ricos para darle a los pobres, simplificando. Esto generará situaciones injustas, pero arreglará otras inversas quizás más graves.
Por supuesto, llevado al extremo comunista, o aplicado sistemáticamente, el socialismo no es más que un latrocinio en toda regla, capaz de cargarse la especie por antinatural, y ese es el factor más importante de sus fracasos.
Lo ideal sería un sistema liberal perfectamente calibrado. Mientras no se consiga, ahí estará el extremo socialista desde el que tirar un poco. Para resetear, de alguna manera.

Como en cualquier otra especie, habrá individuos mejor dotados que los demás para la supervivencia, o que sencillamente aporten una diversidad necesaria a la hora de afrontar con garantías dificultades futuras. Ciertas ideologías y sistemas, en especial religiones, socialistas y curiosamente las nacionalistas, pueden resultar trabas de cara a que algunos, o todos los grupos, consigan transmitir suficientemente las cualidades de sus individuos mejor adaptados. Ahí entra en juego el papel positivo de los nacionalismos, con los que esos grupos podrían tomar consciencia y orgullo de sí mismos, sea de cara a liberarse o independizarse de unos hipotéticos opresores (en ese caso entrarían también en juego otras fuerzas, como el liberalismo o la democracia, siendo ese nacionalismo positivo sólo un catalizador), o sea de cara a, simplemente, difundir aquellas cualidades que ellos tienen.
Ni qué decir tiene que, de nuevo, esta ideología es un arma de doble filo, y en extremo o aplicada sistemáticamente, o cuando sea movida por motivos injustos o erróneos, es mucho más nociva que benigna. Se llega a racismo o xenofobia, elementos intrínsecamente dañinos para la especie, pues tienden a eliminar artificiosamente su diversidad, debilitándola frente a posibles contingencias. Ahí tenemos el nacionalsocialismo alemán, que provocó un exterminio masivo, o el nacionalismo vasco (de raíz también racista, y que lucha contra un invasor imaginario), grave desestabilizador de las dos últimas democracias liberales españolas, y por lo tanto de su prosperidad asociada.

Los sistemas democráticos permiten que todo el mundo aporte su opinión de cara a elegir quién gobierna, periódicamente. Eso impide las previsibles pifias de un sistema hereditario. Se puede objetar que unos ciudadanos deben tener más poder de elección que otros, pero como nadie ha demostrado quiénes y cuánto, no podemos seguir por esa vía. Además, el sistema de partidos posibilita que se vigilen entre ellos, de manera que el que está en el gobierno debe esforzarse por hacerlo lo mejor posible.

Aún así, hay democracias basadas en estados de derecho débiles, donde no se garantiza la libertad y la seguridad, o no hay separación de poderes y el gobierno es corrupto o con aspiraciones totalitarias. También puede haber situaciones de hambruna, guerras o desastres naturales que desestabilicen y descompongan a la sociedad.
En estos casos el sistema democrático no suele ser capaz de regenerarse por sí mismo, y lo que el ser humano utiliza entonces es una dictadura autoritaria o una monarquía absolutista. Una rotura controlada de la libertad (si es que quedaba algo de ella) que facilite restablecer la seguridad y el orden en esas condiciones difíciles. Para que tenga alguna utilidad ha de ser llevada a cabo por personas conscientes de que ese sistema no es el deseable y sólo debe ser temporal, lo más corto que sea posible. Esto descarta automáticamente a las dictaduras totalitarias, cuyas aspiraciones son de permanecer y perpetuar el liberticidio.

¿Cómo se ponderan todas estas ideologías y sistemas de forma óptima? Es difícil de precisar, y en realidad no es seguro que tal cóctel nos permita sobrevivir largo tiempo, e incluso podría ocurrir que nos extinguiéramos precisamente por su culpa, aunque el sentido común nos dice que son rasgos que hemos obtenido durante la carrera evolutiva para hacernos más fuertes.
Todo esto no significa que los políticos que se publicitan de centro sean necesariamente los mejores. Es posible que no sea cierto que se posicionan en el centro, o que no sea ese realmente el punto óptimo. O, algo también muy habitual, que sea una mera estrategia de marketing de unos politicastros que luego lo aplicarán todo mal.

Yo abogo por una democracia liberal basada en un estado de derecho, mínimo pero fuerte, dispuesto a defender con contundencia unos principios firmes, provenientes de una moral sensata que se base en la ciencia hasta donde ésta llegue, y en la intuición implícita en la religión mayoritaria.
Cuanto menos haya que echar mano de otros elementos, mejor.

viernes, 18 de mayo de 2007

La moral óptima

El ser humano tiene motivo, consciente o inconsciente, para crearse una moral a partir de la cual edificar una ética o normas de convivencia básicas. Los conocimientos científicos de que disponemos hasta ahora, apuntan a que ese motivo es que la moral puede ser útil en la búsqueda de la felicidad, que es nuestra necesidad última, el sentido que tienen nuestras vidas. Como en el resto de seres vivos, la búsqueda de la felicidad (aunque no cabría hablar de tal en los que no tienen cerebro, sino de tendencia vital) se traduce en el intento de sobrevivir y mejorar nuestra capacidad de supervivencia.

La mejora de la capacidad de supervivencia es delegada en la de la progenie ante la inevitable muerte de los individuos. El conjunto de valores y principios morales de la civilización, ha de cimentarse en la búsqueda de la mejora de la capacidad de supervivencia de la especie, que es la máxima extensión lógica de la progenie, como grupo de individuos compatibles genéticamente. El alto grado de desarrollo del cerebro humano ha permitido organizar ingentes grupos de individuos en civilizaciones, habiéndose llegado finalmente al total de la especie. Por ese mismo grado de desarrollo cerebral (que al fin y al cabo es el que nos permite utilizar y solicita una moral), nuestra felicidad como incremento de la capacidad de supervivencia de la progenie, se ha extendido a toda la especie, con las ponderaciones que correspondan.

Esto concuerda con la teoría liberal de la maximización del conjunto de grados de satisfacción de los individuos. Y los sistemas liberales son los que más prosperidad han traído hasta el momento.

¿Es implementable una moral así en la actualidad? Es complicada su traslación a un código concreto. Requiere mucho cuidado, es fácil caer en aberraciones contraproducentes como las derivadas del marxismo o el nacionalismo. Esa alta complejidad ha hecho que el hombre haya echado mano de las “simplificaciones”, en algunos aspectos acertadas, de las religiones.

En definitiva, la moral más útil en esa búsqueda de la felicidad en la que estamos inmersos, es la que necesitamos. Para encontrarla disponemos de la ciencia. Ésta es una herramienta (útil no sólo para construir la moral, sino también para obtener otros elementos que nos acerquen a la felicidad, como bien sabemos), es incorrecto concebirla como un fin en sí misma. Y puede ser mal utilizada, dado que nuestra especie (ni ninguna otra) no es perfecta.

Pero los conocimientos científicos son limitados, quizás lo sean siempre (aunque cada vez menos). Eso lleva comúnmente a que algunos se equivoquen asignando limitaciones arbitrarias a la ciencia en sí (que si la ciencia no puede alcanzar a explicar o demostrar asuntos espirituales y conceptos divinos; que si dos más dos no siempre son cuatro, etc), cuando lo que realmente ocurre es que aún no ha llegado a abarcar esas fronteras, pero cada vez está más cerca de ellas y es posible que las alcance en el futuro. O no, no lo sabemos. No se trata de tener confianza ciega, sino de dar la oportunidad.

Pero el hecho es que aún no se ha arribado a esas orillas, los conocimientos científicos de que disponemos son limitados y hemos de ser consecuentes con ello. No se puede llegar a la moral óptima basándonos solamente en los conocimientos científicos que tenemos. Si acaso a las bases, pero no a los detalles. Ignorar esto (amén de efectuar simplificaciones burdas de las teorías) ha conducido a que las morales ciencistas implementadas en el nacional-socialismo y el marxismo hayan sido desastrosas. Por ejemplo, han confundido evolución natural con eugenesia, o han creído poder obviar los efectos de aquella con un modelo socioeconómico matemático uniformador.

¿Qué hacer entonces? Fijarse en lo efectuado por el ser humano hasta el presente, y sobre todo mientras que la ciencia disponible no le daba como para plantearse estas cuestiones. Ha sobrevivido (y de qué manera), luego hasta ahora lo ha hecho relativamente bien. Ha creado religiones, mezclando intuición, imaginación, y prueba y ensayo, a partir de las cuales extraer una moral. Religiones que han evolucionado, se han revolucionado, se han cambiado por otras nuevas, y algunas han perecido.
Allá donde la ciencia aún no apunte criterios morales claros, se debe echar mano de las religiones. La experiencia nos dice que eso es lo sensato.

La cultura que más ha prosperado hasta nuestros días es, probablemente, la proveniente de las religiones cristianas. Quizás eso indique que la moral extraída de ellas ha sido la que ha caminado más cercana a la “óptima”. A mí no me extraña. Creo que el secreto estriba en la conjunción de dos pilares básicos: el precepto de ayudar a los más necesitados y el respeto a la libertad individual de hacerlo o no, con un Dios que perdona tras el arrepentimiento, que pese a juzgarnos por nuestros pecados, lo hará una vez llegados al “otro mundo”, no en este.
Eso no implica que la única moral religiosa a la que deba atenderse para rellenar los huecos dejados por la ciencia, sea la cristiana. Pero sí parece sensato otorgarle un papel primordial. Sobre todo en sociedades de raigambre cristiana, donde no hacerlo supone, además, una ofensa contra los creyentes.

La ciencia seguirá avanzando, cada vez dejará menos huecos e iremos, bien entendiendo la sorprendente lógica interna de los criterios morales religiosos, bien desechándolos por erróneos (sea sólo en el presente o sea también en el pasado).

¿Representa todo esto una ideología atea? No, porque no niega la existencia de Dios. Aunque hay algunas similitudes porque, por de pronto, tampoco la afirma.
¿Religiosa? Tampoco, porque no da por cierta ninguna religión, ni pretende abrazar ninguna fe. Sin embargo, reconoce sus utilidades históricas y actuales, y recoge elementos de ellas.
¿Agnóstica? Se acerca más que a las otras dos, pero tampoco. Porque no considera lo “divino” como inaccesible a la razón humana, ni la existencia o no existencia de Dios como indemostrable científicamente. Tan sólo como hasta ahora no demostrada, pero es posible que lo sea en un futuro.

viernes, 4 de mayo de 2007

Nietzsche y su aplicación a la actualidad


Nietzsche ha sido uno de los filósofos modernos más importantes, si no el que más.

Sus patadas contra la religión y la ética son colosales, y muy efectivas todavía hoy. Tan a menudo mal interpretado, como con esa supuesta escapatoria al nihilismo que era el "superhombre". La traducción literal del alemán no deja lugar a dudas: "más allá del hombre". Al fin y al cabo la consideraba casi una utopía, la salida más habitual para el nihilismo es la vuelta a atrás. Para entendernos, el ejemplo más habitual que se da hoy día es el reniego del cristianismo para abrazar el nacionalismo y/o socialismo (y derivados), que dada la ridiculización que les ha infringido el liberalismo en la práctica, son perféctamente entendibles más como religiones modernas que como teorías político-económicas. Ideologías basadas en falacias que se abrazan para soportar la implacabilidad del devenir, exáctamente igual que el cristianismo o el resto de religiones clásicas.
Se consideran "superhombres" a sí mismos, y ni siquiera están al nivel del nihilismo. Si Nietzsche viviera hoy los engulliría.

El papel de la Iglesia de tiempos de Nietzsche, lo cumple en cierto modo el socialismo de hoy. Marxismo en la práctica apenas existe ya, como sistema socioeconómico, pero a nivel ideológico aún perdura a nivel masivo.
Observemos la gran similitud con el cristianismo. ¿Realmente han existido muchos verdaderos cristianos, si no fue en un corto periodo (el suficiente para que se dieran el batacazo, no más) en sus inicios? ¿Los "cristianos" seguían los evangelios realmente? ¿Abandonaban las riquezas, ponían la otra mejilla, etc?
No, al igual que los "socialistas" han acabado adoptando el capitalismo. Esa pretensión del todo para todos por igual (que es lo que perdura en la ideología), se convierte en la práctica en el todo a disposición de todos, pero sólo para los que puedan pagarlo, propio del liberalismo desde mucho antes. No se convierte del todo, claro, se resisten a abandonar su "religión" por completo.
Las pretendidas implementaciones más minuciosas de la utopía (stalinismo, Mao, Pol-Pot...), han puesto de manifiesto la aberración que tenían entre manos.
Eso no ha impedido que siga habiendo predicadores y sigan calando esas ideas. Ahora con los sociatas y partidos de izquierda en general.

Pese a todo, también hay diferencias fundamentales entre cristianismo y socialismo. De hecho creo que un resumen corto del socialismo es: cristianismo + legitimación del robo. O también: cristianismo "obligatorio" (se debe dar lo que tengas a los que tengan menos, pero ya no eres libre de hacerlo o no, castigándote Dios en el otro mundo, sino que alguien de este mundo te obligará, quitándotelo por la fuerza). Una ideología buena de raiz, pero añadiendo elementos que la convierten en dañina.
Quizás Nietzsche se equivocara en algunas cosas. El cristianismo puro (que poco tiene que ver con el de la época de su supuesto apogeo, la Edad Media), pese a basarse en falacias, como el socialismo, que permiten a la gente soportar las inclemencias de la vida, puede tener más aspectos positivos que negativos para la sociedad. La convivencia se hace más alegre y la especie más adaptable y capaz cuando hay reparto de bienes. Pero optativo, individualmente por convicciones propias, sin las imposiciones propias del marxismo que limitan la libertad y derivan en desastre.

Por eso fue tan buen político Alcide de Gasperi, uno de los padres de la Unión Europea, y tan buena película "Año uno" de Roberto Rossellini, cineasta que siguió una progresión propia de los intelectuales inquietos, y precisamente por ello fue dado de lado por la tropa de socialistas que conforma la mayor parte de sus fans. Pero esa es otra historia.